
Todo comenzaba siempre de la misma manera, de hecho, era un ritual perfecta y exquisitamente ensayado, capaz de trastornar al más exigente y empedernido conquistador, al más experimentado Don Juan. Capaz de poner a sus pies los instintos más bestiales de cualquier hombre y volverlo loco hasta el punto de necesitarla otra y otra y otra vez más.
En armonía impecable con aquel delicado y elegante gusto, sus “invitados” eran guíados por cada movimiento de sus manos, pareciera como si su perfume hiciera las veces de brújula y sus piernas de barca para conducirlos por ese mar de sensaciones que resbalaban por su sangre a la par que el vino tinto recorría lentamente boca y garganta al ritmo de jazz.
Un solo beso, largo y embriagante era el detonante de todo un cúmulo de fantasías que arrebatándose unas a otras iban dando forma a cada segundo al lado de Ella.
Llegado el momento en el que el vestido caía deslizándose frente a los ojos de él, tan suave que apenas acariciaba aquella tibia piel canela, ya el mundo había desaparecido por completo en su cabeza, una única e imperiosa necesidad traspasaba su mente: hacerle el amor.
El siguiente paso era siempre el mismo, con desesperante tranquilidad y alternando con breves y mojados besos detrás del cuello, en las orejas y uno que otro en el pecho: Ella desnudaba poco a poco a su presa que ya para entonces estaba total y absolutamente rendido ante sus más insignificantes caprichos.
Después… el jacuzzi. Entre vino tinto, caricias y jazz. La locura era siempre igual, La delicia era superada por el deseo.
Y sucedió una noche, después de incontables visitas, después de interminables horas escribiendo para ella, después de tormentosos días pensando en él.
-Vámonos de aquí, cásate conmigo
Todo en ese momento paró de golpe, convirtiendo en hielo la escena más ensayada y perfeccionada en la vida de ella. Esta vez, todo se había salido de control.
-No te equivoques corazón, esto… es sólo para clientes, mi corazón esta clausurado.
Mientras él salía confundido y enojado, sólo una lágrima se le escapó a ella.
Solitaria y enigmáticamente misteriosa, realmente deseada por ese selecto grupo de socialités que en cada reunión apostaban por ser el elegido, aquel privilegiado al que Ella señalaría para compartir su tan murmurado y codiciado ritual en el agua de su elegante jacuzzi. Así era su vida. Así decidió que sería.
Los dos perdieron su oportunidad de cambiar la vida del otro, ni modo.
ResponderEliminarA veces el miedo paraliza mi querida malquerida, desde el miedo a salir de la zona de confort, hasta el miedo a ser feliz, pasando encima posupuesto por el miedo a ser uno mismo.
ResponderEliminarBesitos.