lunes, 2 de noviembre de 2009

Paseo por el cielo


No cabe duda que la vida en ocasiones se divierte jugando con los recuerdos de los humanitos que vagamos por este mundo ilógico, hoy paseaba por las calles que hace años solían escondernos en aquellas noches de persecución materna, hace tanto tiempo que no andaba por ahí o será que hace mucho no permitía a mi corazón dar un paseo por el pasado, tal vez.
No eras el principe encantado que merecía la nena según la familia y las amistades, sin embargo, eras todo lo que yo necesitaba para ser felíz. No pude evitar sonreir al recordar nuestras risas después de perder de vista al enemigo y fundirnos después en largos besos que acompañados de fugaces caricias me enseñaban el camino del sentir. -Tus manos son mágicas- solías decir mientras las tocabas con suavidad y yo descubría el infinito color de la noche perdida en tus brazos fuertes que se convertían en mi nido, en mi faro, en mi ruta.
Cuántas veces en esas calles te cante al oído esa canción que siempre me pedías y quietecito escuchabas con los ojos cerrados, para luego sonreir y besarme arrebatadamente. Que fácil fue aprender a volar tomada de tu mano.
En esas calles me volví adicta a la adrenalina de escapar contigo y construir un mundo sólo de dos, en el que tu sonrisa escandalosa pintaba de alegría el viento y mis besos instalaban el silencio del primer amor. -No llores- dijiste cuando me entregué a ti, limpiando mis lágrimas con tu cara -Estoy aquí porque aquí quiero estar, y aquí me quedaré- Y sí, te quedaste. Aún puedo olerte, basta cerrar los ojos para sentirte de nuevo. Me encantaba besar tus ojos, recorrer con mis labios tus cejas, delinear tu rostro con mis manos y escucharte pedir -Grítame que me quieres- mientras me hacías el amor.
Me detuve en esa calle en la que un día de mi cumpleaños me regalaste una foca preciosa, con la que pasamos horas jugando y a la que pusiste de nombre "Sintilín". ¿Sabes? aún duermo con ella, me ha acompañado todos estos años, lo mismo que la flor amarilla que pusiste en mi cabello en aquella boda mientras le decías a los demás -¿No se ve hermosa?- Aún la conservo guardada en el viejo diccinario de la prepa.
Pero la vida tiene sus incoherencias, nosotros nuestras cobardías y las circunstancias a menudo no ayudan gran cosa. Así que el tiempo pasó y el sueño se acabó, te casaste, me casé, ambos tuvimos hijos, ambos nos divorciamos. Hoy vives muy lejos de mi, hace años que no te veo pero agradezco infintamente a la vida el haberte conocido y el haber aprendido a volar en tus brazos.
Esperaré como siempre esa llamada en mi cumpleaños que cada año sin falta me haces, esa llamada en tu cumpleaños que cada año sin falta te hago. Y ese vuelco en el corazón cada vez que escucho tu voz diciendo -Aún te recuerdo.

5 comentarios:

  1. Las lágrimas brotaron de aquel lector sensible, el cual lograba identificarse con muchas de las frases de esa entrada.
    La noche cobijaba los recuerdos ajenos y los propios ahora colocados a un lado.
    El lector suspiró sonoramente en dos ocasiones y decidió dejar un comentario.
    Aullidos para ti.

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  2. ...Y la noche abrazó al lector y lo acompañó hasta que pasó la tormenta.
    Besos

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  3. Cuanta dulzura hay en este relato. Además me ha impactado tu manera tan fluida de relatar, y también sintética, no dejando nada afuera pero limpio de todo aquello que no hace falta incluir. Todo lo contrario ocurre con mis historias (¿leiste alguna de ellas en antiguas entradas?), son largas pero espero algun dia tu paciencia para leerlas y comentarlas.
    Besitos.

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  4. Navegante:
    Porsupuesto que he leído algunas de tus historias y la verdad es que me encantan, me transportan, no he dejado comentarios porque pensé que no revisabas los pasados, con tantas admiradoras que te comentan debe ser algo complicado pero porsupuesto que lo haré. Gracias por tus palabras tan lindas.
    Un beso.

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  5. Es lindo que de los buenos recuerdos del pasado quede aún una llamita breve pero viva aún, alegre y con vocación de vigía incansable.
    Es como desafiar al destino que se empeña en que todo ha de tener un fin. Es hermoso.
    Ojalá que esa llamada de cada año tengo un puntillo de alegría. Otro de melancolía no se podrá evitar, supongo.
    Me gusta tu prosa.

    Besos desde la proximidad del invierno.

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